jueves, 18 de abril de 2013

La historia de un hombre perezoso.


Erase una vez en un pueblo, un hombre muy perezoso; era tan perezoso que ni siquiera la comida que metía en su boca, no quería masticarla. Y viendo el pueblo que este hombre no quería no trabajar ni nada, decidió colgarlo para dar ejemplo a todos los que sufrían de esta enfermedad: la pereza. Y así, dos personas del pueblo se van a la casa del perezoso, lo cogen, lo ponen en un carro con bueyes y van hacia al sitio de la horca. Así era en aquellos tiempos.

En el camino se encuentran con un carro en el cual había una señora. Ella vio al hombre que parecía enfermo y preguntó con compasión a los dos pueblerinos:

- Gente buena! Se nota que el hombre del carro está enfermo, el pobre, ¿ustedes le llevan a un médico para que se curre?
- No, señora- contesto uno de los pueblerinos- perdone usted, pero este es un perezoso como no hay ningún otro en el mundo y le llevamos a colgarlo, para salvar el pueblo de uno como él.
- ¡Dios mío, gente buena!- dice la señora, sorprendida- ¡que pena, el pobre, morir como un perro! Mejor le lleven a mi hacienda; mira, mi corte está en esa colina. Tengo un granero lleno de pan seco, justo para circunstancias como esta, así difíciles. Comerá pan seco y vivirá cerca de mi casa, que sé que no me perderá Dios por un pedazo de pan. Sí, tenemos que ayudarnos unos a otros.

- Oye, perezoso, que dice la señora que te pondrá en un granero con pan seco- dijo uno de los pueblerinos. Mira que suerte tienes, ¡que te pegue la oscuridad! Nosotros pensábamos que te íbamos a matar. Pero la señora, con su bondad, te da casa y mesa; para que vivas y no te mueras! Que ponga alguien la mejilla para uno como tú y que te de comida como a un parasito, eso sí que es un milagro! Pero que bien estaría que la gente se queje solo porque tener suerte! Bien dijo el que dijo que los bueyes trabajan y los caballos comen. Vamos, ¡dale una respuesta a la señora, si o no, que no tiene tiempo para quedarse a hablar con nosotros! 

- ¿Pero es blando el pan seco?  dice entonces el perezoso con mitad de boca, sin moverse de su sitio.
-¿ Qué dijo? pregunto la señora.
- ¿Qué va a decir?, amable señora, mire: pregunta si el pan seco es blando?
-¡ Ay Dios mío!- dice la señora con asombro- ¡ hasta ahora no oí algo así! ¿ Pero él no puede ablandarlo?
- ¡ Escucha perezoso! ¿ Vas a ablandar el pan seco solo, o no?
-No, contesta el perezoso. ¡ Mejor vámonos adelante! ¡ ¡Qué tanta preocupación para esta boca vacía!
- Su bondad, señora, su misericordia, pero en vano quiere de usar la cebada para los gansos. Ya ve que no lo llevamos a la horca tan solo porque sí, sino para perder su hábito. Todo el pueblo quiso poner mano por mano para hacer algo con él. ¿ Pero tienes a quién ayudar? ¡Si es que la pereza es gran reina! ¿Para qué preocuparse más?

Entonces la señora dice:
- Gente buena, ¡haga como le iluminaron Dios  Santo! 
Y los pueblerinos llevan al perezoso al lugar que le esperaba y lo matan. Y mira así, escapo el perezoso de los pueblerinos y el pueblo del perezoso. ¡Que vayan más perezosos por ese pueblo si tienen pantalones!




- cuento escrito por Ion Creanga en 1878




8 comentarios:

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    1. Pues si. A veces la gente se olvida que si se mueve y hace algo significativo, es que lo hace por su bien en primer lugar.

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    1. Me alegro que te haya gustado, Juan. Te esperamos mas por nustro blog! Saludos.

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    2. Esta muy bien, es divertido y da que pensar, sobre todo a los perezosos.

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    3. Gracias por visitarnos! Un saludo, viajero!

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  3. Me ha encantado la leyenda de este hombre perezoso pero eso pasa cuando la gente no le gusta trabajar! Como odio a la gente vaga dios!
    Gran mensaje Sandra.
    Un saludo en la distancia

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    1. Asi es, Elisa. Gracias por pasarte por aqui! Abrazos.

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