Mostrando entradas con la etiqueta Dracula. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dracula. Mostrar todas las entradas

lunes, 29 de junio de 2015

Como hizo justicia Vlad el Empalador

Durante el reinado de Vlad el Empalador, un comerciante que viajaba en nuestras tierras dijo que había perdido en el camino una bolsa con mil lei. El prometió recompensar con cien lei al que la encontrara.

No paso mucho tiempo y un cristiano, con mucha fe en Dios como eran muchos rumanos en aquella época, se presentó ante el comerciante y le dijo:
- Señor mio, caminando por la calle en un cruce donde las pescaderias encontré esta bolsa. Yo pienso que es suya porque me enteré de que había perdido una.
- Cierto es; es mía y te agradezco por haberla traído.
El hombre comenzó a contar el dinero y a pensar como hacer para no tener que darle al pueblerino la recompensa prometida. Despues de acabar de contar, puso el dinero en la bolsa y dijo:
- Conté, querido mio y observé que tú ya apartaste la suma que te correspondía. En vez de mil lei solo habían novecientos. Y bien hiciste porque estabas en tu derecho.
- Señor comerciante, contestó el cristiano. Con maldad dice usted que le faltan cien lei. Yo ni siquiera abrí la bolsa para ver cuanto dinero había dentro. Tal como la encontré se la devolví.
- Pues verdad digo que perdí la bolsa con mil lei y me la devolviste con novecientos. ¡Es lo que hay! dijo el comerciante.
El hombre no dijo nada mas, salió y se fue directamente al príncipe para encontrar justicia.
- Su Majestad, dijo, no recibí los cien lei prometidos y no me importa tanto el dinero como el hecho de que sospecha que no soy buen hombre. Yo soy limpio como la plata y ni siquiera pensé en tocar lo que no es mio.

fuente wikipedia

El príncipe intuyó los trucos del comerciante y mandó que lo trajeran delante de él. Escuchando al uno y al otro y poniendo las palabras de cada cual en la balanza de la justicia se dio cuenta cual era el lado que más pesaba. Luego, mirando a los ojos del comerciante dijo:
-Si tú perdiste una bolsa con mil lei y este hombre encontró una con novecientos significa que dicha bolsa no era tuya. Tú, cristiano, coge la bolsa y devuélvesela al que diga que perdió una con novecientos; y tú comerciante espera hasta que alguien encuentre tu bolsa con los mil lei, la que dices que habías perdido.

Y eso es lo que pasó, porque no se podía de otra manera.
Vlad el Empalador juzgó. El comerciante perdió todo y se arrepintió toda la vida por ese acto inhumano cometido.



jueves, 15 de mayo de 2014

Historias eslavas acerca de Vlad el Empalador


I. Había en Valaquia un príncipe cristiano de fé griega, conocido como Dracula en lengua rumana y diablo en la nuestra, por la maldad que le caracterizaba. Tal como era su nombre, fue su vida. 

Una vez vino a su ciudadela, un comerciante  del Reino de Hungría. Y según la orden del príncipe detuvo su carroza en uno de los caminos de la ciudad, enfrente de la casa donde se alojó. Por la noche, alguien le robó de la carroza 160 monedas de oro. El comerciante se presentó ante Dracula y le contó lo sucedido. El príncipe respondió: “Te puedes ir; esta noche se te devolverá el oro”.

Entonces Vlad se fue a buscar al ladrón por toda la ciudad diciendo:” ¡Si el ladrón no se manifiesta culpable, acabaré con toda la ciudad!” Y mandó que devolviera el oro y lo dejara en la carroza durante la noche y cuando el desconocido ladrón hizo eso, el príncipe añadió una moneda más.
Por la mañana el comerciante encontró su dinero y empezó a contar; viendo que había una moneda de más se presentó ante Dracula y le dijo: “Señor, he encontrado el oro. Y mire, hay una moneda de más que no es mía.“
Entonces, el príncipe le dijo:”Puedes ir tranquilo; si no me hubieras dicho nada acerca de la moneda que sobraba, habrías sido empalado junto al ladrón” (…)


II. Un día Vlad, caminando por el pueblo, vio a un hombre que llevaba la camisa rota. Y le preguntó: ”¿Estás casado?” El hombre le contestó: ”Sí, mi señor.” Vlad entonces replicó: “¡Pues llévame a tu casa; quiero ver a tu mujer!”
Al llegar al hogar del hombre, vio que su mujer era una joven bella y sana. Entonces le preguntó al hombre: ”¿Es cierto que sembrasteis lino?” Éste contestó: ”Mi Señor, sí que tengo mucho lino.” Entonces Vlad le dijo a la mujer:”¿Por qué eres perezosa ante tu marido? Su deber es sembrar, cuidar el campo y alimentarte y tu deber es cuidar que tu hombre tenga siempre la ropa limpia y presentable, pero tú ni siquiera le arreglas la camisa, aunque te ves muy sana. Tú eres culpable, y no tu marido. Si tu hombre no hubiera sembrado lino, él hubiera sido culpable.”
Así que el príncipe ordenó que se le cortara las manos y luego empalar su cuerpo por ser una mujer perezosa. (…) 



III. Una vez se presentó ante su Majestad un potentado húngaro, Matías, hombre rico, y los dos se sentaron a la mesa, rodeados de cadáveres. Al lado del príncipe había una estaca gruesa y alta, hecha de oro.
Entonces Dracula le preguntó: “Dime, ¿por qué crees que tengo esta estaca?”
El mensajero se asustó y contestó: “Mi Señor, me parece que un hombre se equivocó ante usted y le queréis ofrecer una muerte más honorable que en los demás casos”.
Dracula contestó: ”Cierto es. Tu eres el mensajero real del gran dueño, por ti hice la estaca”.
Él contestó: “Señor, si hice algo digno de muerte, haced lo que gustéis conmigo, porque sois juez en esta tierra y no será vuestra mano culpable por mi muerte, sino yo mismo”.
Dracula rió y dijo: “Si no hubieras contestado de esta manera, cierto es que habrías sido empalado”. Y entonces comieron bien, recibiendo el potentado de nuevo su libertad al acabar. El príncipe, finalmente, dijo: “ A ti te corresponde ser mensajero de los reyes, porque sabes hablar con los dueños sabios; que no lo intenten los demás hasta saber hablar con los de alta ralea.”



Fuente del texto original: Bogdan Murgescu, Historia de Rumania en textos 
(Crónicas eslavo-rumanas, páginas 207-214)

viernes, 25 de octubre de 2013

La justicia de Vlad el Empalador


Sobre Vlad el Empalador (Dracula), el hijo de Vlad Dracul, se sabe aun hoy en día cómo hacia justicia de tal forma que su pueblo oprimido iba a él como van los hijos ante sus padres para esperar su juicio. Y no había situación en la cual el príncipe no hiciera justicia y no castigara a los malhechores. Todos los que se sentían culpables le tenían miedo y muchos, para no llegar ante él, se mataban solos.  

Varias veces se le presentaban casos complicados. Mirad como las resolvía Vlad: 
En uno de los días cálidos de julio del año 1460, se mostraron ante el príncipe dos personas completamente diferentes: un caballero gordo, de rostro rubicundo y ropa brillante y un campesino delgado al que se les veían los huesos, vestido con harapos. El campesino buscaba apoyo de parte del príncipe, que era su única esperanza. Vino a decir que él tuvo su parte pequeña de tierra, pero el caballero se la llevó, dejándole pobre del todo. Pero el caballero, al contrario, decía que el campesino mentía y que dicha tierra era herencia de sus padres. Después de terminar lo que tenían por decir, los dos se quedaron a esperar. En la sala, como siempre, reinó el silencio, mientras el príncipe estaba pensando. No tuvieron que esperar mucho.



- ¿Me podrías enseñar los registros de propiedad del terreno sobre el cual hablamos?
- No puedo, su Majestad, dijo astuto el caballero. Ya que mi primera mansión ardió y de esta manera desaparecieron también las pruebas.
- ¿ Y tú, campesino, tienes algún registro?
- No tengo, se lo llevó el caballero cuando me robó la tierra.
- Entonces, dijo el Empalador, tenemos que ir allá para ver como están las cosas.
-Vámonos, dijo el caballero.

Llegaron pronto. El príncipe preguntó al campesino:
- ¿Cuál dices que fue tu tierra?
- Esta, su Majestad, dijo el campesino. Y le enseñó una parcela de tierra que estaba al lado del bosque.
- Caballero, preguntó de nuevo el príncipe. ¿Sigues afirmando que esta es tu tierra?
- Puedo jurar, mi Señor, que es mía de parte de mis antepasados y que el campesino está mintiendo. El Empalador se giró hacia el capitán con el cual se quedó a hablar en susurros:
- ¿Dime, este es el lugar sobre el cual me hablaste?
-Este es, su Majestad.
- Muy bien, dijo el príncipe. Caballero, tal como se ve, tienes razón. La tierra es tuya y no del campesino. Puedes llamarte dueño de ella.
- ¡Muchas gracias por la justicia que me ha hecho! empezó a llorar el caballero.
- Solamente que no acabe aún, le interrumpió el príncipe. Por esta tierra que tienes, deberás morir, caballero.
-¿Morir?¿Pero por qué, su Majestad?
- Porque esconde un tesoro.  Encontramos aquí dinero robado  de la tesorería del país, incluso desde el reinado de mi padre, Drácula. Este viejo capitán reconoció el lugar donde lo enterró el ladrón. Este lugar es tuyo. Así que, como eres el propietario, también eres el ladrón. 

Al oír estas palabras, el caballero cayó de rodillas y empezó a rezar:
- Perdóname, Su Majestad, pero no soy el culpable. Este lugar no es mío, sino del campesino. ¡Él debe morir, porque sin duda él es el ladrón!
- De eso nada. El que morirá serás tú. Y no porque robaste un tesoro y lo escondiste aquí. Eso fue un truco mío, sino porque robaste la tierra del campesino, tal como tú solo reconociste, por miedo.

Y Vlad el Empalador ordenó que el caballero sea empalado y que el pobre campesino recupere la parcela de tierra que le ha sido robada.




Más tarde, vinieron ante el príncipe un ciudadano y un campesino. Según estaba vestido, el ciudadano parecía ser muy rico. 

Le iba muy bien con el negocio y su cara era regordeta y alegre. Junto a él, pero más lejos, se veía un pobre campesino, vestido muy mal. El que tenía una queja era el ciudadano. Decía que le prestó al campesino una moneda y este no le devolvió la deuda. Hablando, el ciudadano le miraba al campesino con orgullo, mientras que el pobre estaba temblando de miedo.

Vlad el Empalador, así como solía hacer, escuchó al ciudadano pacientemente. Luego lo miró directo, como si hubiera querido entrar en sus pensamientos. Cambió luego su mirada hacia el campesino, investigándole un tiempo y luego preguntó:

- ¿ Es cierto que este ciudadano te dio un préstamo de una moneda?
- Es cierto, contestó el campesino.
-... ¿y que hasta ahora no se la devolviste?
- Eso no es así, su Majestad.
- Entonces cuéntame como pasó.
- Soy muy pobre, mi Señor. Tengo mujer y siete niños. Ocho bocas para alimentar, ya que la mía ni la llevo en consideración. Se nos acabó la comida y le pedí al caballero una moneda para poder salvarnos. Pero al darme la moneda no me dijo nada más que se la devolviera en cuanto pudiese.  Yo me esforcé cuanto pude y se la devolví. Pero él  me dijo: "¿Qué crees, campesino, que escapaste solamente con esto? Hasta la semilla si la siembras en la tierra, da más frutos. Igual debe pasar con mi moneda. Requiero diez veces más. Igual como me diste una, das otras nueve, y ya está!" Pero yo, mi Señor, no puedo. Fue muy difícil devolverle la moneda que tenía como deuda y sería imposible ofrecerle lo que me pide.

Después de dejar al campesino para que acabara con lo que tenía que decir, el Empalador se giró hacia el ciudadano:
- Oye lo que dice el campesino, que te pagó la deuda, ¿ es cierto o no?
- No, no es verdad, su Majestad. Es cierto que me devolvió la moneda, pero me tiene que dar nueve más. Si no, ¿yo que gano de todo esto?
- ¿Y crees que esto es justo y que podrá pagarte? Es fácil decirlo, complicado de hacerlo...
-Es mi derecho. Complicado, fácil, es lo que hay. Como pagó una, me paga otras nueve, siguió el ciudadano.
- Si es así, entonces vamos a hacer una prueba...

Y diciendo eso, salieron en el patio. Allá habían un montón de piedras grandes. El príncipe le ordenó al ciudadano:
-¡Levanta una piedra, mira, esa de allá!
El ciudadano, ya que era bastante fuerte, levantó la piedra y la sostuvo en sus brazos un poco. Luego la soltó.
-¡Es muy difícil, su Majestad!
- ¡Igual le fue al campesino cuando te devolvió la moneda, muy difícil!¡ Pero lo consiguió! ... Ahora vamos a continuar.
- ¿A continuar qué, Majestad?
- Lo difícil que es para que el campesino te devuelva nueve monedas más. ¡Levanta de nuevo la piedra! 

El caballero obedeció.
- ¡Levanta otra más! 
El caballero logró levantar otra pero en unos instantes escapó ambas piedras de la mano.
- Así no, ciudadano. ¡Quiero que levantes nueve piedras a la vez!
-¡Pero esto no puede ser, su Majestad!¡Son tan pesadas que nunca podré levantarlas!
- Pues ves, igual de difícil es para el campesino que te dé nueve monedas, como es para ti levantar nueve piedras. ¡Si no conseguiste tú, no es justo pedirle tampoco a él!

El caballero no dijo nada más. En cambio, Vlad ordenó: "¡el ciudadano que sea azotado por su avaricia y el campesino vaya tranquilo a casa, porque ya pagó honradamente la deuda que tenía!" 

Hasta muy tarde, ese día el príncipe se quedó a hacer otras justicias. Cuando por fin, su rostro fue iluminado por una sonrisa interior, debida a la alegría de su justicia se dijo a sí mismo: "Puedo ir a dormir tranquilamente."



miércoles, 7 de agosto de 2013

Castillo de Bran (castillo de Dracula)


Situado a 30 km de Brasov, entre los montes  Bucegi y Piatra Craiului,  el castillo de Bran es un importante monumento nacional y punto de referencia del turismo rumano, debido tanto a su belleza, al paisaje, así como a la leyenda de Dracula, cuyo espíritu persigue aún estos antiguos lugares.


El Castillo de Dracula fue construido  al borde del paso Bran y hoy en día representa un cebo  para los visitantes de todo el mundo que quieren participar a la leyenda de Drácula (para ver más fotos del famoso castillo pulse aquí: fotos). 

martes, 4 de junio de 2013

VLAD el EMPALADOR y el COMERCIANTE

- texto extraído del libro: MI COLECCIÓN DE LEYENDAS y traducido


Debido a los castigos crueles aplicados por Vlad el Empalador (Tepes), perecieron todos los ladrones, mentirosos y perezosos. Tanto miedo llevaba la gente, que, aunque le caía a un hombre la bolsa en el camino, se quedaba allá días e incluso semanas enteras, hasta que el que la perdió volvía a por ella, ya que nadie se atrevía a tocarla.

Una vez, un comerciante italiano, de Florencia, que hacia negocios con piedras caras y otras cosas de valor, volvía del país de los turcos, donde vendió su mercancía y pasó por el país de Tepes. Oyó muchas cosas sobre los robos de Tara Romaneasca (parte del sur de Rumania actual) y pensaba que todos los rumanos eran unos ladrones.

Al llegar en Targoviste, se fue a ver al príncipe Tepes para darle un regalo y le dijo:

domingo, 7 de abril de 2013

Vlad el Empalador y los mensajeros turcos.


Aunque el príncipe Vlad luchaba por mantener buenas relaciones con los vecinos, no permitía que le trataran sin el respeto debido, aun si el país que gobernaba era uno pequeño - como era Valaquia. 

A la corte real llegaron los mensajeros de parte de Mohamed, el sultán turco. Tan pronto como entraron en la sala de invitados, ellos hicieron reverencias, así como tenían las costumbres, pero no descubrieron sus cabezas, quedándose con los turbantes en sus coronas. El príncipe les preguntó, sin ocultar su disgusto:

- ¿Por qué hacéis eso? ¿No sabéis que estáis ante el príncipe de este país?
Los mensajeros turcos siguieron sin descubrir  sus cabezas.
- ¡Así es la costumbre en nuestro país, Majestad! y nuestro dueño la mantiene.
Entonces Vlad el Empalador ya no aguantó más y levantó la mano para ordenar:



-  Si su sultán sufre de vergüenza  si se quedan con la cabeza descubierta, nosotros no estamos acostumbradas de esta manera. De todos modos, id a decirle que no envíe sus costumbres a otros dueños, que no tienen el deseo de tenerlas o mantenerlas en sus tierras también. Yo, sin embargo, aunque no reciba su ley, no significa que intento impedirseelo para respetarla. Al contrario: mi deseo es apoyarles y fortalecer su ley, para que la mantenga con fuerza; por eso comando ¡qué les claven los turbantes de sus cabezas!


Con clavos de hierro se han enganchado los turbantes en sus cabezas. Luego, Vlad el Empalador dejó ir a los mensajeros y decirle al sultán cómo cada pueblo debe mantener sus costumbres, tradiciones, pero no imponerlas a los demás, aunque sean sus sometidos.